El conde de Montecristo de Alejandro Dumas
El conde de Montecristo es una sólida
novela de aventuras. Naufragios, mazmorras, fugas, ejecuciones,
asesinatos, traiciones, envenenamientos, suplantaciones de personalidad,
un niño enterrado vivo, una joven resucitada, catacumbas,
contrabandistas, bandoleros...todo para crear una atmósfera irreal,
extraordinaria, fantástica, a la medida del superhombre que se mueve en
ella. Y todo ello arropado en una novela de costumbres, digna de medirse
con las contemporáneas de Balzac. Pero, además, toda la obra gira en
torno a una idea moral: el mal debe ser castigado. El conde, desde esa
altura que le da la sabiduría, la riqueza y el manejo de los hilos de la
trama, se erige en "la mano de Dios" para repartir premios y castigos y
vengar su juventud y su amor destrozados. A veces, cuando hace milagros
para salvar al justo de la muerte, el lector se sobrecoge de emoción.
Otras, cuando asesta los implacables hachazos de la venganza, nos
sentimos estremecidos.
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